Debido a las heladas al inicio del brote de la vid, los meses de verano secos y calurosos, han  disminuido las producciones de las viñas de la comarca “Ribera del Duero” siendo las mínimas desde hace muchos años, sin embargo el fruto ha sido de altísima calidad.

La vendimia comenzó temprana, el 30 de septiembre arrancamos con la entrada de uva en la bodega. La recolección  se realizó como manda la tradición en la familia, de forma manual, seleccionando las distintas fincas para la creación de nuestros distintos caldos. Comenzando por las parcelas destinadas a obtener nuestros vinos más jóvenes, que pasarán a ser  nuestros tintos robles. Para ello destinamos unas 13 hectáreas de viñedo, elaborando un total de unos 36.000 kilos. Lo cual supone un rendimiento por hectárea muy bajo de unos 2.800 kilos por hectárea.

La uva entró a la bodega en un perfecto estado de madurez, equilibrio y acidez; característicos de nuestros vinos, nuestras bayas eran realmente pequeñas y racimos sueltos. Nuestra peculiar manera de despalillar la uva hace que seleccionemos los racimos para su óptimo rendimiento.

El 3 de octubre comenzamos con nuestro viñedo más selecto y de mayor edad encargado producir las uvas que darán los vinos de mayor longevidad de la bodega. Son viñedos de más de 50 años de antigüedad, heredados de nuestra familia de viticultores instalados en la zona desde hace más de 300 años. Unas 8 hectáreas de viñedo con rendimientos inferiores a 2.000 kilos, que han producido unos 16.000 kilos.

El día 4 de octubre finalizó la campaña con un total de  52.000 kilos,  que se transformaran en  unos 36000 litros del vino, mediante una fermentación lenta y controlada.

 

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